Historia de la Catedral

La catedral de Santa María la Real de la Almudena comenzó a gestarse el 22 de diciembre de 1868 cuando la Congregación de Esclavos de la Virgen de la Almudena solicitó al arzobispo de Toledo permiso para construir otra iglesia dedicada a la Virgen de la Almudena, ya que la primera había sido derribada en la revolución del año 1868.

La Congregación acudió a la Casa Real a pedir ayuda para esta construcción y los reyes se comprometieron a ceder parte de los terrenos que estaban frente al Palacio Real para el nuevo templo. El fallecimiento repentino de la reina animó al rey Alfonso XII a una rápida construcción pues el nuevo templo que ya había comenzado como parroquia sería también lugar de enterramiento de Maria de las Mercedes.

El arquitecto Francisco de Cubas y Montes recibió el encargo y, el 4 de abril de 1883, el rey Alfonso XII colocó la primera piedra de la futura iglesia. La iglesia pasó a ser catedral cuando en 1885 Madrid fue erigida en diócesis por el Papa León XIII. El marqués de Cubas modificó entonces su proyecto inicial. Diseñó una catedral de grandes dimensiones, de estilo neogótico florido francés, con planta de cruz latina y capillas laterales que se comunicarían directamente por un estrecho deambulatorio; el crucero presentaría también tres naves mientras que la cabecera sería semicircular con girola y cinco capillas radiales. La imagen de la Almudena estaría colocada en el altar mayor. Este proyecto está expuesto en el Museo Catedral.

La cripta se finalizó en 1911, pero el marqués ya había  fallecido; a él le sucedieron al frente de las obras los arquitectos Miguel Olabarría, Enrique Repullés y Vargas y Juan Moya. Los trabajos avanzaban muy lentamente, con el lógico parón acaecido entre 1936 y 1939. En 1944, el director general de Bellas Artes, marqués de Lozoya, promovió un concurso nacional para dar a la catedral una nueva solución arquitectónica. Los arquitectos Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganaron el proyecto y  lo modificaron para adecuarlo al entorno.

En 1944, el director general de Bellas Artes, el marqués de Lozoya, promovió un concurso nacional para dar a la catedral una nueva solución arquitectónica. Los arquitectos Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro de la Puerta ganaron el proyecto y lo modificaron para adecuarlo al entorno.

La reforma más importante fue rebajar la altura del nuevo edificio con el fin de que resultara más armonioso en relación con el Palacio Real. Las obras se fueron realizando poco a poco según las circunstancias. Comenzaron en 1950 por la zona más próxima a la calle Bailén, con el proyecto del actual claustro del Arzobispado. Tras  unos  primeros avances hubo una paralización a la que se puso fin el cardenal Ángel Suquía en el año 1984, con la constitución de un Patronato para la finalización de las obras, en el que figuraban el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad Autónoma, Caja Madrid, la Cámara de Comercio, la Asociación de la Prensa y varias personas significativas en la vida de la ciudad.

Durante el periodo de 1984 a 1993 se llevaron a cabo otras importantes obras, como fue la pavimentación completa del templo con mármol crema y verde de Almería, formando dibujos sencillos, pero de gran impacto visual. También, se ordenó el presbiterio de acuerdo con modelos de la nueva liturgia, inspirados sobre todo en las últimas reformas de la catedral de Milán. Se creó igualmente, el altar de la Virgen de la Almudena, con una escenografía que exaltara la dignidad de la imagen incorporada en un bello retablo de Juan de Borgoña. Asimismo, se hicieron obras en algunas capillas y se llevaron a cabo instalaciones de calefacción por hilo radiante bajo pavimento; iluminación por focos y protectores adecuados al ambiente, así como la instalación de megafonía.

Finalmente, el 15 de junio de 1993 el Papa San Juan Pablo II vino a Madrid para dedicar y consagrar la Catedral que había tardado 110 años en construirse. 

A lo largo de los años siguientes se han ido sucediendo mejoras y  completando estancias y espacios inacabados que la han ido conformando y dando su imagen actual. 

En el interior, la catedral de la Almudena presenta planta de cruz latina con una nave central y dos laterales y un crucero de tres naves, rematado en uno de sus lados por la capilla de la titular. El suelo de este templo es una combinación de mármol verde serpentina de Granada y amarillo de travertino pulido; la mesa del altar también ha sido realizada en mármol verde serpentina. A su derecha se encuentra la cátedra episcopal, tallada en nogal, de estilo neogótico, obra realizada por Ramón Fonollosa en 1885.

Detrás del altar mayor se sitúa el Cristo Crucificado de Juan de Mesa encargado por el Colegio Imperial de Madrid y que, al igual que la sillería del coro, situada a ambos lados del altar, procede de la colegiata de San Isidro.

 

En el presbiterio de la catedral están representados los siete misterios de nuestra salvación: Bautismo de Jesús, la Transfiguración, la Muerte, la Resurrección, la Ascensión al cielo y Pentecostés. En el centro, presidiendo la composición,  la imagen de Jesus Pantocrátor. Los trabajos  de este presbiterio fueron dirigidos por Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal.  También realizó las ocho vidrieras que lo acompañan. Todo el conjunto  conforma la llamada corona mistérica.

Tras la girola destaca la capilla central dedicada a san Isidro Labrador y su esposa, santa María de la Cabeza. Las imágenes de ambos santos de estilo barroco (siglo XVII y XVIII) son atribuidas a Villabrille y Ron y flanquean el arca funeraria que contuvo los restos incorruptos del santo que, en la actualidad, se encuentran en la colegiata de San Isidro. Este arca, del siglo XIII  presenta escenas de la vida de san Isidro pintadas al óleo sobre cuero estucado. En el lateral de la girola  se puede contemplar un retablo de Domingo Becerrill, yerno de Berruguete, relativo a la vida de san Pedro. Bajo el retablo, la estela de la Almudena realizada por el platero Manuel Carrera en 2011 y costeada por la Fundación Villa y Corte. El resto de las capillas están dedicadas a santos contemporáneos, madrileños o relacionados con la ciudad.

La capilla del Santísimo fue decorada en mosaicos en el año 2011 por padre Ivan Marko Rupnik, SJ, responsable del taller de arte del Centro Aletti. El tipo de arte que desarrolla es eminentemente litúrgico. El también se encargó de las decoraciones de la sacristía mayor y la sala capitular, realizadas en 2005 y 2006, respectivamente.

De gran valor es un vía crucis de catorce estaciones que responden al estilo flamenco neogótico y que habría sido realizado a finales del siglo XIX, de procedencia alemana; está realizado en óleo sobre cobre y su marco es de madera de castaño decorada a mano. En cuanto a las vidrieras, destacan las dedicadas, a la Virgen de Atocha, san Isidro labrador, la Coronación a la Virgen de la Flor de Lis, y a los Ángeles.

En la fachada principal sobresale la espadaña con esculturas de Ramón Chaparro: san Isidro, santa María de la Cabeza, san Fernando y santa Teresa  de Jesús flanquean una imagen de la Virgen de la Almudena entronizada. Los escudos de la parte inferior de la fachada representan las armas plenas de la Casa Real Española y el escudo pontificio.

 

Las puertas, al igual que las esculturas situadas en la cúpula, son obra de Luis Sanguino.

 

En el año 2007 se inauguró el Museo Catedral de la Almudena que conserva y expone piezas procedentes del Cabildo Catedral y depósitos de Congregaciones.

 

Bajo la catedral de la Almudena se encuentra la cripta proyectada por  Francisco de Cubas. Es una construcción toda de piedra de bóveda de cantería con 558 columnas, 50 de ellas monolíticas. Todos los capiteles son diferentes y están tallados. La cripta está llena de sepulturas de familias entre  ellas destacan las de los dos arquitectos mas significativos de la catedral, el propio marqués de Cubas y Chueca Goitia. El altar mayor está presidido por una imagen de la Virgen de la Almudena de 1948.

En la cripta se conserva la imagen de María más antigua de Madrid: la Virgen de la Flor de Lis, que procede de la primitiva iglesia de Santa María. Es una pintura mural que fue descubierta en el año 1623, cuando los reyes Felipe IV e Isabel de Borbón iban a acudir a la Iglesia y los sacristanes movieron el retablo para limpiarla. Datada en el siglo XII-XIII nos muestra una pintura mural de la Virgen como trono del Salvador con una flor de lis en la mano y, bajo sus pies, con una cruz roja, recordando la colaboración de la Orden de Calatrava en la reconquista de la Villa.

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